Burnout laboral: cuando el problema no es la persona, sino el sistema

Burnout laboral: cuando el problema no es la persona, sino el sistema

Beatríz Fernández, psicóloga del Centro Médico Deportivo Al-Ándalus, nos explica por qué el burnout laboral no es un fracaso personal.

El burnout o síndrome de desgaste profesional es uno de los motivos de consulta más frecuentes en psicología sanitaria vinculados al ámbito laboral. Sin embargo, todavía se aborda a menudo desde una perspectiva individual, como si fuera un fallo de la persona para adaptarse, gestionar el estrés o “poner límites”.

Desde la psicología sabemos que esta mirada es incompleta y, en muchos casos, injusta.

El burnout no es simple estrés crónico, sino una reacción al estrés laboral crónico generado en la relación profesional-cliente y en la relación profesional-organización.

burnout laboral cuando el problema no es la persona sino el sistema

¿Qué es exactamente el burnout?

El burnout es un proceso de adaptación a las situaciones de estrés laboral. Un proceso caracterizado por sentimientos de fallo o desorientación profesional, desgaste y labilidad emocional, sentimientos de culpa por la falta de éxito profesional, frialdad o distanciamiento emocional y aislamiento, caracterizado por tres elementos principales:

  • Agotamiento emocional: los trabajadores sienten que ya no pueden dar más de sí mismos a nivel afectivo.
  • Despersonalización: desarrollo de sentimientos negativos y de actitudes y sentimientos de cinismo hacia las personas destinatarias del trabajo. Se produce una deshumanización.
  • Falta de realización personal: los trabajadores tienden a evaluarse negativamente, afectando a la habilidad en la realización del trabajo y a la relación con las personas atendidas. Los trabajadores se sienten descontentos consigo mismos e insatisfechos con sus resultados laborales.

Factores laborales que favorecen el burnout

En consulta es frecuente encontrar patrones repetidos que tienen poco que ver con la personalidad del paciente y mucho con la estructura de la empresa:

  • Sobrecarga de trabajo mantenida en el tiempo.
  • Falta de control sobre las tareas y los horarios.
  • Ambigüedad de roles o exigencias contradictorias.
  • Cultura de la disponibilidad constante.
  • Escaso reconocimiento del esfuerzo realizado.
  • Liderazgos poco empáticos o basados en el miedo.
  • Dificultad real para conciliar vida personal y laboral.

Cuando estas condiciones se cronifican, el burnout aparece como una señal de alarma, no como un fracaso personal.

La responsabilidad de las empresas en la salud mental

Hablar de burnout implica necesariamente hablar de responsabilidad organizacional. Las empresas no solo influyen en la productividad, sino también en la salud psicológica de las personas que trabajan en ellas.

Desde una perspectiva preventiva, las organizaciones tienen un papel clave en:

  • Diseñar cargas de trabajo realistas.
  • Fomentar culturas laborales basadas en el respeto y la comunicación.
  • Formar a mandos intermedios en liderazgo saludable.
  • Normalizar el descanso y la desconexión digital.
  • Detectar de forma temprana señales de desgaste emocional.

Cuidar la salud mental no debería ser una estrategia puntual, sino parte de la política estructural de la empresa.

¿Qué puede hacer la psicología sanitaria?

En consulta, el trabajo terapéutico no consiste únicamente en enseñar técnicas de relajación o gestión del estrés. También implica:

  • Validar el malestar y desmontar la culpa, tan presente cuando el paciente está de baja laboral.
  • Ayudar a identificar factores laborales dañinos.
  • Recuperar límites saludables y el autocuidado.
  • Acompañar procesos de toma de decisiones cuando el entorno no cambia.
  • Prevenir recaídas trabajando tanto a nivel individual como contextual.

La intervención psicológica es fundamental, pero no sustituye la necesidad de cambios organizacionales reales.

Del burnout a la ansiedad y la depresión

En la práctica clínica es muy frecuente que el burnout no se quede ahí. Cuando la situación laboral estresante se mantiene en el tiempo y no hay posibilidad de cambio real, el desgaste psicológico suele evolucionar hacia trastornos del estado de ánimo.

Muchos pacientes acuden a consulta cuando ya presentan:

  • Sintomatología depresiva (apatía, tristeza persistente, sensación de fracaso).
  • Trastornos de ansiedad (hiperactivación, insomnio, rumiación constante).
  • Crisis de pánico o somatizaciones.
  • Deterioro significativo de la autoestima y la identidad profesional.

En estos casos, el burnout actúa como un factor desencadenante, pero el diagnóstico que finalmente aparece es ansiedad o depresión. Esto puede invisibilizar el origen laboral del problema y reforzar la idea de que “el problema está en la persona”.

La falta de validación: el mayor impacto emocional

Uno de los aspectos más duros del burnout no es solo el agotamiento, sino la falta de validación que suelen experimentar quienes lo sufren.

Es habitual que los pacientes relaten mensajes como:

  • “Eso nos pasa a todos”.
  • “Tienes que aprender a gestionar mejor el estrés”.
  • “El problema es que te implicas demasiado”.
  • “Si no puedes con esto, quizá este trabajo no es para ti”.
  • “Yo estoy igual, pero no me he cogido una baja”

Esta invalidación puede venir no solo del entorno laboral, sino también de compañeros, responsables, familiares e incluso de profesionales sanitarios que minimizan el impacto psicológico del contexto de trabajo.

Cuando el malestar no es reconocido, el paciente tiende a dudar de su propia experiencia, aumenta la culpa y se retrasa la búsqueda de ayuda. En muchos casos, llegan a consulta sintiéndose débiles, exagerados o incapaces, cuando en realidad han estado sosteniendo durante demasiado tiempo una situación insostenible.

Beatriz Fernández González – Doctoralia.es
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